¿Cómo decorar con muebles de lujo?

Aunque los muebles de lujo parecen patrimonio exclusivo de un hotel 5 estrellas de Barcelona, del nuevo chalet madrileño de Cristiano Ronaldo o de la residencia millonaria en Marbella de una estrella de cine de Hollywood, se trata de una tendencia al alza en las viviendas de España. De ahí que muchos decoradores se especialicen en aconsejar acerca de este tipo especial de mobiliario para que los resultados de su presencia en el hogar posean la elegancia y el refinamiento deseados. Es decir, que no se limiten a acumularse sin ton ni son por el simple vicio de ostentar riqueza, sino que entren en armonía y realcen con su calidad diferencial las propiedades de la vivienda. Inspirarse en alguno de estos apreciados hoteles de lujo de Barcelona, por ejemplo, no es mal modelo para darse cuenta de que la sobriedad y la recatada sencillez son la base del estilo y no el vulgar exhibicionismo. En este sentido, los muebles siempre deben guardar correlación con el ambiente de la sala a la que estén destinados: no procede incrustar una mesa estilo Luis XVI en un despacho de estética moderna o minimalista, de igual manera que las maderas nobles poco van a casar con un cuarto de estilo pop. Además, por muy bonitos y caros que sean, no hay que despojarlos de su función original, puesto que una alacena de caoba que no sirve para almacenar nada no es más que un trasto molesto entorpeciendo una habitación.

Por supuesto, la armonía entre el mobiliario también se aplica a las nuevas adquisiciones: las maderas exóticas de aspecto clásico no combinan con los muebles rococó con pan de oro. Ojo a las mezcolanzas que se pueden dar entre las piezas centrales que presiden y marcan la identidad de cada sala, como la mesa, los sofás, canapés, butacones, etcétera; los aparadores de electrodomésticos capaces de concentrar un importante foco de atención como la televisión, la cama, las alfombras,… En cualquier caso, la adquisición de muebles de lujo no debe suponer para el comprador una renuncia a su propia personalidad. Al fin y al cabo, los muebles y la decoración de interiores son una prolongación del espíritu personal de quien habita la casa. Como es obvio, es la decoración la que se ha de adaptar a la persona, y no la persona a la decoración.

Esta última idea no es en modo alguno una quimera. Los muebles de lujo poseen una gran variedad de formas, estilos y colores y, por tanto, son capaces de adaptarse al milímetro a casi cualquier personalidad. Pongamos por caso el pan de oro, que remite directamente a tiempos del Renacimiento o la Francia del Rey Sol y de ahí en adelante. Pujante y aristocrático, el pan de oro cobra relevancia en el mueble gracias a artistas como Gioto o Cenini, puesto que anteriormente era un material muy apreciado en la arquitectura palaciega y religiosa de mayor boato. Obtenido de entremezclar oro con alcohol y sustancias adherentes, posteriormente aplicado ejerciendo presión o percusión sobre una superficie húmeda y bruñido, el pan de oro encuentra su continuación en la actualidad en esta clase de muebles de estilo clásico que son muy apreciados para componer un estilo decorativo de fuerte componente histórico.

Y en el caso contrario, el mueble de lujo también avanza al paso de la sociedad e incorpora colores más vistosos y vivos como el blanco, paradigma de elegancia, pureza y modernidad. El mobiliario de color blanco es celebrado por la luminosidad que aporta a las estancias, otorgándolas una atmósfera amplia y cristalina que, asimismo, se amolda a la perfección a estilos minimalistas y contemporáneos.

Modern Interior

Intermedio entre ambos, el estilo colonial destaca por su elegancia al mismo tiempo exótica y europea, basada en la nobleza de maderas como la teca de India, Birmania, Indonesia y Tailandia o la caoba que, en el siglo XIX, experimentó un gran reconocimiento en la decoración de las villas de los potentados coloniales y una abundante explotación en los territorios africanos y asiáticos de donde procede originariamente. El mobiliario de lujo de estilo colonial busca colores naturales como los tonos tierra, rojizos y marrones oscuros, capaz de transportar al propietario a una ensoñación romántica propia de otros siglos y otros lugares.

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