La habitación del nuevo bebé

La semana pasada tuve una muy buena noticia, mi mejor amiga de la infancia me llamó para quedar a tomar un café, cosa normal, ya que normalmente nos vemos al menos una vez a la semana, pero esta vez fue más especial si cabe, porque me comunicó la grata sorpresa de que estaba esperando un bebé. Estaba ilusionadísima y feliz. Después de las preguntas de rigor sobre cómo se encontraba, si prefería niño o niña, la siguiente fue: ¿Y qué te regalo? Lo primero que descartó fue la ropa, ya que la hermana de amiga había tenido dos niños mellizos unos años atrás y le podría prestar de todo, además una ropa de muy buena calidad, porque siempre compraba en una tienda de nuestra ciudad que distribuye piezas del Grupo Reprepol, una empresa mayorista que se dedica a la fabricación de ropa de niños. Así, lo que más le preocupaba a mi amiga y donde le podía echar una mano era cómo montar su cuarto, ahí seguramente encontraría algo en lo que poder ayudar.

Entre risas e ilusión, comenzó a describir cómo sería el dormitorio ideal para su hijo. Primeramente, dijo, lo quería que fuese muy luminoso, que tuviese un gran ventanal donde la luz y el sol pudiesen inundar toda la estancia, así como ventilarla, y que las paredes estuviesen pintadas en tonos claros, a ser posible pasteles, para dar sensación de serenidad, tranquilidad, y al mismo tiempo amplitud. Lo mismo con los muebles, que fuesen claros o directamente blancos.

Seguridad y Diseño

La seguridad también es muy importante para una madre. “Para mí es fundamental, sobre todo la cuna tendrá que ser segura, por eso considero que los muebles tendrán que tener las esquinas redondeadas, para evitar que cuando mi hijo vaya creciendo se pueda hacer daño”, me dijo. También quería evitar en la medida de lo posible que se asomase por encima de los barrotes de la cuna, que pudiese subirse a sillas, meter los dedos en los enchufes poniéndoles tapas… Además, quería que los muebles se fuesen adaptando a su crecimiento, que la cuna se pudiese transformar después en una pequeña cama.

Deseaba también una cómoda con grandes cajones, donde colocar cuidadosamente su ropita, con un cambiador de pañales encima. Los pañales podría guardarlos, según continuaba imaginando, en una cesta, en una caja bonita o en un baúl… Y también quería estanterías para colocar muchos, muchos, peluches, cuentos, muñecos, juguetes, coches…

Para el centro, pensaba que lo mejor sería tener un espacio central libre, para poder poner una alfombra grande, donde poder gatear y jugar el niño. El diseño de la alfombra puede tener motivos infantiles, carreteras donde cuando sea un poco más mayor pueda hacer carreras con coches, etc.

En definitiva, quería una habitación alegre, donde una lámpara pudiese proyectar en las paredes o en el techo imágenes infantiles para relajar al bebé, y una luz quitamiedos, que es una luz nocturna por si se despierta de noche para que pueda visualizar y reconocer su entorno y no se sobresalte. Pero eso sí, una de calidad, porque algunas de estas, especialmente las más baratas, han dado ya más de un disgusto a algunas familias.

Y así, entre risas, alegría e ilusión, nos despedimos, y me fui a mi casa rumiando la idea de qué podía comprar para completar esta bonita habitación de bebé. Así que se me ocurrió un regalo que creo que ella disfrutará con creces. Voy a comprar una bonita mecedora tapizada en tonos infantiles y que podrá usar para dormir al bebé y darle también el pecho de una manera muy cómoda. La he visto en casa de otra amiga y sé que estaba muy contenta con ella. Después la tapizó cuando sus niños se hicieron mayores y ahora la usa ella para leer al lado de la luz de una ventana grande que tiene en el salón.