Cuando la casa se vuelve incómoda para nuestros mayores

Hace poco más de un mes llevé a mi madre a la residencia geriátrica Benviure de Barcelona, y creo que ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Llevaba un tiempo que veía que ella no estaba a gusto en su casa. Tenía problemas para llevar su vida normal, pero no por falta de cabeza ni por la edad, sino por un pequeño deterioro físico.

Ella no está mal, las cosas como son, pero pequeñas acciones como pasar el aspirador o ir a la compra se le hacían un mundo al tener que cargar con peso. Fue por esto que durante un tiempo decidimos ponerle una señora en casa para que hiciese estas tareas y le echase una mano en lo que no podía. Pero aun así, ella seguía sin encontrarse a gusto.

Como no estábamos seguros de si lo que la tenía amargada o de bajón emocional era la falta de compañía tras la muerte de mi padre, pensamos en que se viniese a vivir a casa con nosotros. Pero el experimento tampoco triunfó. Nos dábamos cuenta de que al estar poco tiempo en casa por motivos de trabajo ella pasaba gran parte del día sola, y aunque nosotros hacíamos la compra y ella tenía todos los productos en casa, no se encontraba a gusto, los muebles le resultaban altos para coger los ingredientes o no se adaptaba a los electrodomésticos más modernos como el microondas cuando le dejábamos ya la comida hecha a falta solamente de calentar.

Nos pasaba incluso que no se adaptaba a ver la televisión en nuestro moderno salón, ya que no era capaz de manejar la Smart-tv o por ejemplo se sentía incómoda o no sabía cómo sentarse bien en la chaise-longue. Incluso tenía problemas a la hora de salir de casa porque no acababa de conocer bien el barrio y nosotros, al vivir en el centro, tenemos muchísimos obstáculos al bajar a la calle, desde kioscos, papeleras, gente por doquier o anuncios de las tiendas con expositores en la calle…

Creímos que la pobre se sentía en el fondo en la casa como en una cárcel. Digamos que sus fuerzas habían mermado y que los muebles ya no estaban hechos para su altura ni sus necesidades. La casa dejó de ser su hogar y ni siquiera la compañía lo compensaba, ya que nosotros apenas llegamos para cenar y dormir. Como se suele decir, en lugar de vivir en casa, dormimos en ella.

Fue entonces cuando hablando con una compañera de trabajo de la situación me contó lo mismo acerca de lo que le ocurría con su padre y la solución que había tomado. Lo habían llevado también a la residencia geriátrica de Barcelona Benviure. Y ahora, cuando le pregunto a mi madre, la veo mucho más feliz.

Me madre me explica que se siente muy a gusto, que siempre tiene compañía y que esta es de su edad, que tiene gente con quien compartir experiencias, recuerdos de otros años, intereses y temas de conversación más propios de personas que ya han vivido mucho. Nunca se siente sola. Se fija en detalles como que ya no tiene que cocinar, que no le supone un suplicio hacer esas tareas ni las de limpieza, que incluso le ponen la televisión otras personas y la ven todos juntos en un salón donde se sienten muy acompañados. Que aunque no sale a la calle a no ser que vayamos nosotros a recogerla, que no se aburre para nada porque tiene muchísimas actividades que hacer y con las que se encuentra la mar de entretenida. Hace hasta manualidades que luego nos regala cuando la visitamos y de las que se siente muy orgullosa.

Está en nueva etapa de su vida en la que la casa ha dejado de ser su pequeña cárcel y todo gracias a la residencia geriátrica Benviure, con un grupo de profesionales multidisciplinares que pone a su entera disposición los avances tecnológicos más punteros, el mejor equipo humano y sanitario y las habitaciones más modernas y acogedoras para el cuidado de los más mayores. Su residencia geriátrica de Barcelona es un referente en cuanto a la calidad en el servicio y cariño en el trato. Cada planta de la residencia geriátrica en Barcelona está concebida para albergar a residentes con diferentes tipos de dependencias y patologías, con comedores independientes por cada planta. Son como ocho micro residencias geriátricas dentro de una misma residencia donde el trato a todos los residentes es excelente, como una gran familia. Calidad para nuestros mayores que hace que algunos centros sea mentira esa noticia que ha salido hace poco donde España no se encuentra entre los mejores países para envejecer.

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